Ya no le creemos señor Rajoy, ya no.

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Decía usted este mismo miércoles que le importa "mucho más" conseguir que 20 millones de personas estean trabajando en el año 2019 que reducir el déficit español por debajo del 3% del Produto Interior Bruto. Incluso se atrevió a prometer que esas 20 millones de personas estarían ocupadas dentro de 3 años, argumentando que el ritmo de crecimiento actual nos permitiría alcanzar ese milagro. Pero ya no le creemos Mariano.

Se dice que para crear un futuro mejor hace falta entender el pasado; antes de las elecciones del año 2011, era una vez más el mismo Rajoy el que prometía no subir el IVA, el que defendía no tocar el IRPF o el que aseguraba no recortar en derechos tan triviales como el de educación o sanidad. Era en aquellos fabulos tiempos en los que aún se podía creer en un PP que luchase por los intereses de una sociedad española asediada por una crisis incipiente. Esos tiempos en los que no se hablaba de la corrupción -pues aún no teníamos plena constancia de ella- y en la que se veía a Rajoy como el héroe tras el cataclismo económico sintetizado por el PSOE de Zapatero. ¿Os acordáis, verdad? Fue este mismo "Siglo de Oro" de la derecha española la que le llevó a triunfar en unas elecciones transcedentales, con una España que se debatía entre la vida y la muerte, entre un recate económico o no. Tanto fue así que obtuvo esa mayoría absoluta que sería clave para definir el futuro político, social y económico de España de los consiguientes cuatro años.

Fue a partir de entonces cuando la hegemónica situación de la derecha española comenzó su progresivo declive. Comenzaron a destaparse públicamente día sí y día también casos de corrupción política que acabarían por destapar una auténtica trama -un auténtico sistema- de corruptela política, que llega hasta nuestros días, de la que hasta entoces era la todopoderosa derecha española. Fue a partir de ese momento cuando gran parte de la sociedad española pasó de reconocer a Rajoy como un aliado a reconocerlo como un punto blanco del que desearían desprenderse. Este susodicho declive de la derecha española tendría su auge a finales del año pasado, antes de las pasadas elecciones, cuando todos los españoles nos pudimos cerciorar de lo que esperábamos que pasaría: la mayoría de esas propuestas heróicas que prometía la derecha antes del 2011, acabarían por convertirse en polvo que se lleva el viento. El PP acabó por supeditarse a las políticas austeras-conservadoras que tenía en sus genes: subiendo el IVA, tocando el IRPF y recortando en derechos tan triviales como el de sanidad o educación. Todo lo contrario a lo que había prometido en ese "Siglo de Oro" del que antes os hacía referencia. Todo esto se sumó a la incapacidad de conseguir su objetivo: emancipar a los españoles de una de las peores crisis económicas de la Historia, después de la que tuvo lugar en la Posguerra Civil. La taxa de paro continúa siendo muy alta y la sociedad sigue teniendo carencias de necesidades básicas. Y ante esta situación, la derecha solo tiene dos argumentos: "la herencia recibida por el PSOE era nefasta" y "conseguimos retirar a España del punto de mira del rescate económico". Fueron estos dos únicos argumentos los que resonaron una y otra vez por la boca de la derecha española para rebatir a todos aquellos que consideraban muerta la política austera del PP.

Es por este mismo motivo por el que cuando escucho a Rajoy dos meses antes de unas elecciones inéditas decir que en 2019 habrá 20 millones de personas ocupadas o que conseguiremos reducir -por debajo del 3%- el deficit del PIB español si confiamos en él, me produce un escalofrío interior. Aunque, ¿Quién sabe? Los milagros existen.

Hugo Pereira Chamorro
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