Entre cuentos y realidades se mueve la investidura de Rajoy del 30 de agosto.

Después de estas pasadas elecciones parecía que el bloqueo institucional y político al que estaba sometido España desde las Elecciones del 2015, concluiría. Todos veíamos un futuro claro tras el verdadero "sorpasso" del PP; tras esos fantásticos resultados, ¿a quién le cabía la duda de que Rajoy acabaría por gobernar? Verdaderamente eran muy pocas las personas -y muy osadas-  a las que no le encajaba la pieza de Mariano en el puzzle político que acabaría por gobernar España. 


Paradójicamente, no fue mucho más tarde cuando este júbilo de alegría por parte de Rajoy y de sus fieles votantes que iluminaron las calles de Génova tras la noche de votaciones, no tardaría en verse truncado a medida que el futuro cercano de una investidura se iba acercando. Acabó por ser el propio paso del tiempo el que contestó a la pregunta que os formulaba nada más empezar, ¿a quién le cabía la duda de que Rajoy acabaría por gobernar? Estaba -y está- claro que el "tempus fugit" no quiere volver a ver a Rajoy en la Moncloa; parece que todo pasó de girar con él a girar en contra de él

Fue entonces cuando Rajoy, en plena travesía por el desierto político que le tocó vivir, encontró un motivo de supervivencia -un oasis- llamado Rivera. Este personaje surgido de la nada, volvió a engranar el motor de la esperanza que Rajoy había perdido a medida que el "tempus fugit" se apoderaba de su ilusión y de la consecuente fallida investidura. Todo comenzó a girar con él, de nuevo. Sin embargo, un incentivo más le hacía falta para alcanzar la gloria, los números siguen sin dar.

El afortunado Rajoy, a sabiendas de que los milagros ocurren una sola vez, quiere volver a retar al "tempus fugit" y ver si es este mismo el que le dé el último empujón. Ya sin más vidas que ofertarle a Rajoy, parece que el tiempo está harto de su incompetencia para formar Gobierno; ahora debe de dejar de aprovecharse del "tempus fugit" y luchar contra él. En dicha batalla, le tocará coaccionar al temible Sánchez, que le impedirá por activa y por pasiva alcanzar la Gloria de la Moncloa tan anhelada por Mariano. ¿Y qué está haciendo Rajoy para vencerle? Pedirle sentido común. Así, sin más.

De esta forma tan alegórica, queridos amigos y amigas, podemos resumir el pasaje de Rajoy antes de la evidente investidura fallida. Será a partir de entonces cuando deje de pedir "sentido común" y se de cuenta que éste se perdió cuando ganó las Elecciones Generales de junio. Como no empiece a trabajar como su lema dice: "en serio", dejará de tener "sentido común" y pasará a tener "sentido de la vergüenza". 

El "tempus fugit" pondrá todo en su sitio, creedme.



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