Del inicio del PSOE hasta el fin del mismo. O casi.

Como olvidar ese dos de mayo de 1879, cuando el PSOE, el partido nacido para luchar contra las injusticias y los derechos del proletariado, a manos de Pablo Iglesias, comenzaba su singladura para convertirse en la única alternativa en el contexto histórico del gran capitalismo y de prosperidad económica. Era en esa misma época cuando la Segunda Revolución Industrial hacía mella en la modernización de una sociedad española que salía, por medio de un pronunciamiento, de la Primera República en 1874.

Hacía falta en ese momento instituciones y organizaciones que velasen por la integridad y prosperidad de la clase más sufridora del momento, el proletariado. Aquella clase olvidada, que se exilió del campo a la ciudad en busca de trabajo, no tardaría en convertirse en el medio por el que los grandes burgueses y comerciantes del momento llegarían a enriquecerse por su explotación. Paradójicamente, se convirtió en la clase más pobre pero a la vez la más necesaria y necesitada; sin ella las fábricas e industrias de las grandes ciudades no podrían llegar a funcionar. Estaba claro que a nadie le compensaba que esta clase se pronunciara contra el Estado oligárquico, era la más densa. En este momento nació el Partido Socialista Obrero Español, el proletariado necesitaba a alguien capaz de proteger los intereses de esta incipiente clase social y lo que era más importante, una institución que luchase por ellos.

Aunque no sería hasta 1931, inicio de la Segunda República española, cuando el apogeo del PSOE se hizo denotar en el Parlamento republicano con más de 130 diputados y convirtiéndose, así, en la fuerza moyoritaria que impulsaría una modernización y cambios en España sin precedentes. Lejos de gustarle a la sociedad, en 1933 ganaría en España la CEDA, un partido de índole derechista y conservadora. Esta irrupción en el Parlamento de un partido que solo dedicaría sus 2 años de existencia a derogar las reformas progresistas del Bienio socialista anterior, acabaría por ser el detonante de las múltiples revueltas que concluirían con la victoria del Frente Popular (o coalición de izquierdas) en las elecciones del 36.

La derecha española, hegemonizada en los militares, lejos de resignarse, iniciará el hito de la Guerra Civil que marcaría los consiguientes años del franquismo español. Sin duda, este fue el momento más crudo y agresivo (como dice mi profe de economía) de la sociedad española y que desgraciadamente aún persiste positivamente en las conciencias de mucha de la sociedad española. Como decía Pablo Iglesias (el actual) en su libro "¡Qué no nos representan!", el que se acostó franquista el 20 de 1975, se levantará franquista el 21, el 22 y sucesivamente. 

Años más tarde, con la victoria de Felipe González, el PSOE no tardaría en irse paulatinamente corrompiéndose y convirtiéndose en una fuerza que dejaría de trabajar para lo que realmente nació, para luchar por las clases más pobres e intentar equiparar socialmente las clases en España. No puede ser que unos tengan tanto y otros tan poco, lo que se denomina la Gran Contradicción, según Karl Marx. Esta pérdida de los aborígenes del PSOE, junto a la victoria del PP por mayoría absoluta con Rajoy, culminaría en el 15-M, en donde una gran parte de la ciudadania exigiría a la oligarquía política de nuestro país que velasen por los intereses de la sociedad española; ni que se pidiera tanto, solo se pidió que los políticos hagan su trabajo. Está claro que los errores de los políticos se pagan mucho menos caros que los errores que puede tener cualquer ciudadano del Tercer Estado de España.

Fue a partir de este momento cuando el PSOE comenzaría no solo a perder sus aborígenes, si no que a perder escaños en el Parlamento y su propio rumbo. Hasta tal punto que a día de hoy no sabemos ni quien manda en el partido. Esto acabará por afectar a la propia izquierda de nuestro país, que desgraciadamente, en vez de estar unida para conformar una alternativa al Gobierno de la vergüenza, está más disgregada que nunca. Justo en el mejor momento. ¿Y sabéis quien acabará por pagar estos errores?, nosotros mismos. Cuando dejen de luchar por sillones y comiencen a luchar por la gente, comenzaremos el verdadero proceso de cambio del que tanto se habla en este país. Está claro que un cambio nunca se puede producir sin un motor que lo guie y que lo impulse.  A ver cuando la izquierda sale de su letargo y vuelve a convertirse en la fuerza que ha propiciado históricamente los cambios y los progresos de nuestro país. De momento debemos de esperar a que madure.


Hugo Pereira Chamorro

Publicar un comentario

0 Comentarios