Ciudadanos ya no esconde su sintonía con VOX: primero en Andalucía y ahora en Madrid. Carta a un votante de Ciudadanos engañado.





Querido votante de Ciudadanos engañado:

Era una bonita mañana del mes de febrero cuando el preocupado Albert Rivera hacía malabares para no aparecer -o, si cabe, aparecer lo más lejos posible- en el retrato fotográfico que se convertiría en la Crónica de un Gobierno de coalición anunciado. Por aquellos días aún estaba vigente el Ciudadanos que respondía a una ideología liberal con ansias de colonizar el centro político. Era aquel partido que bien se podía definir como: “ni de derechas, ni de izquierdas; de España”. Es cierto, de hecho, que la definición de Ciudadanos y su puesta en el continuum de izquierda-derecha siempre ha sido un reto para los que estudiamos la política.

Albert Rivera comenzó hablando como un socialdemócrata, actuando como un liberal y aparentando un conservador. Casi nada. Sin embargo, en la actualidad, tras el objetivo declive del PP de Casado y la vuelta a escena de un PSOE fuerte y, al menos en apariencias, unido, Ciudadanos dio un extremo viraje ideológico y se propuso ocupar el holgado y bien asegurado puesto que tenía el PP -hasta ese momento- en el centro derecha español. La jugada parece haberle salido bien a Albert Rivera, situándose como la tercera fuerza política y obteniendo un número de escaños más que interesante en las pasadas elecciones (sobresaliente para un partido de formación reciente en la escena nacional). No tan bien, sin embargo, sentó la “operación derechización” de Rivera en su núcleo más interno. Varios pesos duros de Ciudadanos abandonaron el partido tras conocer que el veto a Sánchez era tan real como la vida misma y que no respondía exclusivamente a una pasajera estrategia partidista -con la que podían obtener un rédito electoral- sino a la más pura constatación de que el partido naranja dejaba atrás el deseo de traer a España el liberalismo europeo de medio centro que era representado, entre otros, por Macron. Tanto fue así que el francés socialista y el catalán liberal -al mismo tiempo- Manuel Valls, cortó todo tipo de relaciones con la formación naranja y abogó por facilitar el Gobierno de Ada Colau, la alcaldesa ideal -como diría José Mota-, pero una de las mayores enemigas de Barcelona y del centralismo español, como dirían los de Ciudadanos. Han cambiado mucho, en fin, las cosas para Ciudadanos desde ese año 2016 en el que Albert Rivera casi alcanza la gloria del Gobierno con ese acuerdo de coalición con el PSOE al que, en aquel entonces, le unían esas doscientas medidas tan comrentadas. Ahora, lo único que queda de esa fugaz relación entre Sánchez y Rivera es un impenetrable muro de hormigón que se resume en una máxima: ¡con Rivera no!. 

Pero, ¿qué es lo que ha causado esta irreversible situación? Albert Rivera nos respondería que serían los constantes guiños de Sánchez a las fuerzas independentistas los culpables del tajante divorcio entre ambas formaciones. Un divorcio que, sin duda alguna, ha tomado un cariz muy desagradable. Es más, un conjunto de improperios acompañarían la respuesta que previsiblemente nos daría Albert. Que si banda, que si sectarios, que si separatistas…. Todo pareciera indicar que, en efecto, los nacionalistas catalanes y vascos se han  coligado con el “plan Sánchez” y que algunos de sus dirigentes ya son ministros de España. Lo que Pedro Sánchez, por su parte, razonablemente, le respondería a Rivera es que hablar y llegar a acuerdos puntuales con otras fuerzas políticas no significa necesariamente convertirse en socios políticos y de futuro. Es más, el PP y el PSOE -en los tiempos del consolidado bipartidismo imperfecto- han tenido que llegar a acuerdos puntuales y no ahora por ello tienen que verse abocados a juntarse a la forma alemana. Por todo ello, podemos decir abiertamente que el PSOE no es sospechoso de flirtear con las fuerzas nacionalistas y secesionistas y que ese erróneo -y malintencionado- discurso de Rivera solo responde a un claro objetivo: hacernos ver que tras la decisión de la Ejecutiva de C´s de tornar el partido hacia la derecha hay una lógica y una justificación. Sin embargo, contra todo pronóstico, los díscolos de Ciudadanos (Roldán, Nart…) han chafado el plan Rivera y su justificación racional, sentenciando que: “Ciudadanos había cambiado, no ellos”. Y vaya si ha cambiado. Más bien, ha mutado de parecer complemente.

Lo que no consigo entender es por qué, tras lo que ha ocurrido en estas últimas semanas en la Comunidad de Madrid, Albert Rivera aún sigue intentando engañar a sus votantes, militantes y simpatizantes; y todos éstos, por desgracia, aún no se dan cuenta de la realidad. Si el PSOE -sin haber pactado ningún acuerdo programático con ninguna fuerza nacionalista en el momento de la moción de censura a Rajoy- es socio y cómplice de los secesionistas que quieren romper la unidad de España, entonces Ciudadanos que sí que ha llegado a acuerdos programáticos con Vox (con firmas públicas de por medio), ¿no es cómplice y amigo de la extrema derecha de Vox? Es más, tras lo ocurrido en la Comunidad de Madrid y en Andalucía, ¿aún seguirán teniendo las narices de justificar el veto al PSOE por su inexistente acercamiento a las fuerzas nacionalistas? Ojalá que esta pregunta la reflexionasen muchos de los que, engañados, han votado a Ciudadanos en las pasadas elecciones. 

Os diré cómo realmente se justifica el veto al PSOE de Ciudadanos: Albert Rivera es un político claramente oportunista, líder de un partido sin un proyecto de país y sin una estructura orgánica consolidada -más bien, poco democrática y centralizada- que ha encontrado un nuevo nicho electoral: el centro-derecha moderado que ha quedado vacío tras la salida de Mariano Rajoy y la entrada de Pablo Casado, el alumno aventajado del ultra-conservador Aznar. En efecto, lo que esto demuestra es la volatilidad del discurso de Albert Rivera, la inconsistencia de su proyecto político, sus ansias de poder y el consecuente deseo de trabajar por su bienestar privado y no en aras del interés general. A ver cuándo, de una vez por todas, abrimos los ojos y comenzamos a reconocer a los partidos y a los políticos oportunistas que venderán su alma al diablo si con eso consiguen alcanzar el Cielo de La Moncloa.

En cualquier caso, lo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid -teniendo como preludio Andalucía- es el cénit del plan Rivera. Ciudadanos ya no esconde su sintonía con Vox, es más, muchas de sus radicales propuestas son “perfectamente asumibles”, como decía Aguado, por Ciudadanos. De todo esto podemos concluir que el juego de C’s de esconderse tras la pared cuando Vox hacía acto de presencia no era nada más que eso, un absurdo juego, una deplorable estrategia política. Ambos partidos sabían, desde el minuto uno, que estaban abocados a entenderse y a ser cómplices de la asunción de la derecha al poder.

La brillante excusa que Rivera plantea para justificar su entendimiento con Vox en la Comunidad de Madrid no es otra que la rebajada de las exigencias de Vox en materia de violencia de género, leyes LGTBI y des-igualdad. Todo parece indicar que el resto de medidas ultraconservadoras que Vox plantea son perfectamente asumibles por el partido que presume de liberalidad. A partir de ahora, los colegios madrileños no podrán incluir dentro de sus programaciones ningún tipo de actividad para infundir respecto, ética y moral a sus alumnos. Dicho en otras palabras: si el niño o la niña tiene la desgracia de nacer en un ambiente familiar donde el enseño de la moral y la ética no tiene cabida, que se olvide de que alguien le explique la necesidad de respetar al diferente, al homosexual, a la mujer…Que más dará. Eso sí, la asignatura de religión ni tocarla. Esa no infunde moral o ética, infunde realidad. O todo o nada, señor Aguado. 

En esta misma línea se encuentra la otra propuesta de Vox “perfectamente asumible” por el liberalismo de Ciudadanos: revisar que todas las subvenciones no vayan destinadas a entidades de carácter ideológico. Me gustaría preguntarle a la señora Monasterio a qué se refiere con eso. A grosso modo cualquier importante entidad que se dedique a salvaguardar y a luchar por la igualdad, por el pleno acceso de todos a determinados recursos, por el bienestar social, por el bien de determinados colectivos… tiene pinceladas de carácter ideológico. Y doy por hecho que si eliminamos todas estas entidades, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta, alcanzaremos una sociedad más polarizada en recursos y menos integradora. Sí, el partido que firmó esto es el mismo que en la manifestación de Colón contra Sánchez puso de estandarte a dos personas con gigantescas banderas LGTBI flanqueando el discurso del liberal Rivera. En fin, que la demagogia barata de la formación anaranjada ya no se la cree ni sus propios votantes.

Abrid los ojos, queridos simpatizantes de Ciudadanos. Ese partido ha cambiado más de parecer a lo largo de toda su historia vital que usted de ropa interior. 


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